La Marcha de la Generación Z: ¿Auténtica Rebelión Juvenil o Parodia Financiada desde el Norte?
Por Alexa Capote, Periodista Transexual
Ciudad de México, 31 de octubre de 2025
En las calles virtuales de TikTok y las plazas físicas que se preparan para el 15 de noviembre, la Generación Z mexicana levanta su voz con un símbolo inesperado: el sombrero de paja de Luffy, el pirata de One Piece que encarna la rebeldía contra la opresión. La convocatoria a la marcha desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo, bajo el lema de un movimiento cívico y apartidista, promete ser un grito colectivo contra la corrupción, la violencia y la impunidad que asfixian a nuestro país. Miles de jóvenes, nacidos entre 1997 y 2010, se organizan de manera orgánica, sin líderes visibles ni banderas partidistas. Suena auténtico, ¿verdad? Un eco global de protestas en Nepal, Filipinas o Francia, donde la Gen Z ha derrocado tiranías con memes y hashtags. Pero, como periodista que ha cubierto las sombras del poder desde las trincheras de la marginalidad, no puedo evitar sospechar: ¿y si detrás de esta pureza juvenil se esconde una mano invisible, financiada por el ala republicana estadounidense y canalizada a través de partidos opositores y políticos oportunistas en México?
Permítanme visualizarlo, no como una conspiración descabellada, sino como un patrón que hemos visto repetirse en la historia reciente de América Latina. Imaginen flujos de dinero disfrazados de «apoyo a la democracia» o «fondos para la libertad de expresión», saliendo del ala republicana, a través de entidades como la National Endowment for Democracy (NED) y think tanks como la Heritage Foundation. Estas organizaciones, en el pasado bajo Reagan en los 80 (financiando contras en Nicaragua para contrarrestar el sandinismo) y actualmente bajo influencias trumpistas, han canalizado recursos a ONGs en la región con fines geopolíticos —como desestabilizar gobiernos de izquierda para mantener la hegemonía estadounidense— y económicos, protegiendo intereses corporativos contra la creciente influencia china en economías como la mexicana. En México, en 2021, el gobierno de AMLO ya denunció públicamente la NED por financiar organizaciones antigubernamentales, un eco de intervenciones que hoy podrían estar nutriendo esta marcha. Estos recursos no llegan con etiquetas rojas; se diluyen en donaciones anónimas a ONGs mexicanas afines a la derecha, o en microcréditos a influencers juveniles que, sin saberlo o fingiendo ignorancia, amplifican la convocatoria. En México, los receptores son claros: partidos como el PAN y el PRI, junto con figuras oportunistas como Xóchitl Gálvez o Marko Cortés, que ven en esta marcha un ariete perfecto para erosionar al gobierno de Claudia Sheinbaum antes de las elecciones intermedias. No es casualidad que cuentas derechistas en X (antes Twitter), como @DerechaDiarioMX, hayan impulsado el hashtag #GenZContraSheinbaum con una virulencia que huele a estrategia pagada. ¿Coordinación? Pruebas directas no hay aún, pero el patrón es innegable: en 2024, similares «movimientos grassroots» en Brasil recibieron millones de dólares de donantes republicanos para desestabilizar a Lula. ¿Por qué México sería la excepción?
Lo que más me inquieta, sin embargo, no es solo el posible financiamiento externo, sino cómo este se entreteje con la ceguera impuesta al Palacio Nacional. A la presidenta Sheinbaum, brillante científica y mujer que rompió techos de cristal en un país machista, no se le muestran las fallas de su gobierno. Le ocultan datos reales sobre el hartazgo y la desesperanza que carcome a miles de mexicanos. Según reportes independientes de organizaciones como México Evalúa y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la percepción de corrupción ha escalado al 78% entre jóvenes de 18 a 24 años, mientras que el 62% reporta temor a manifestarse por la colusión entre crimen organizado y autoridades locales. Estos no son números fríos; son historias vivas de desaparecidos maquillados en reportes oficiales, de becas insuficientes que dejan a la Gen Z sin futuro, de feminicidios que el gobierno minimiza con discursos de «avances». Miles no pueden unirse a la marcha porque el miedo es su cadena: el narco, ese monstruo que devora comunidades enteras desde las entrañas del país y que, en una colusión no tan sutil con ciertos niveles de poder, extorsiona y silencia a periodistas . La Guardia Nacional, prometida como salvadora, a menudo mira para otro lado, dejando que el terror se enquiste. Sheinbaum, aislada en su burbuja de «asesores leales» a Morena, recibe briefings sanitizados que pintan un México en «transformación», no uno al borde del abismo. ¿Quién le dice que el 40% de la juventud considera emigrar, no por ambición, sino por supervivencia?
Y aquí radica el veneno más sutil: esta marcha podría ser auténtica en su núcleo, un pulso genuino de una generación harta de promesas rotas. Pero, ¿y si la oposición la interpreta y la presenta a la presidencia como una fabricación suya? Imaginen el guion: filtraciones selectivas a medios afines al PRIAN, como Reforma o El Universal, que la tachen de «orquestada por Trump » para sembrar duda. De repente, lo que era un clamor popular se convierte en «golpe blando» de la CIA, restándole importancia y autenticidad. Sheinbaum, en su afán por defender la soberanía, podría responder con represión sutil —cancelando permisos, desconectando internet en zonas clave— y así, la oposición gana: divide a la izquierda, aliena a los jóvenes y posiciona a sus candidatos como «los únicos dialogantes». Es un jaque mate disfrazado de caos juvenil. Ya visto esto en las calles de Caracas y Bogotá; no es paranoia, es periodismo de guerra.
Un México intolerante que exija transparencia. Que la Secretaría de Hacienda revele flujos financieros a ONGs involucradas. Que la FGR investigue las cuentas que promueven la marcha. Crítica e imparcial,Sin lambiscadas ni alineamientos ciegos. Sé que la Doctora Claudia es un rehén de los que la engranan por detrás, de esos poderes que tejen redes invisibles en Morena. Mi postura es clara: creo en ti, Claudia, pero ¡despierta! Esta marcha no es enemiga; es el espejo que refleja nuestras heridas. Si la dejamos en manos de oportunistas transfronterizos, perderemos no solo una protesta genuina y auténtica , sino una generación!México no necesita más divisiones financiadas; necesita verdad, sin filtros ni dólares ocultos.
Alexa Capote es periodista independiente y activista por los derechos de las mujeres transexuales en México. Sus opiniones no representan a ninguna entidad política.











