Lucero Eterna

Del Chisme Farandulero al Panóptico Digital: Una Odisea desde Lucerito hasta Foucault
Por Alexa Capote, Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com
18 de octubre de 2025
En el vasto circo de la farándula mexicana, donde los rumores se multiplican como deepfakes en TikTok, todo comienza con una pregunta inocente: ¿Lucerito Mijares, la heredera de dos dinastías pop, realmente se declaró lesbiana? ¿O es solo el último veneno digital que escupe la red ante el telón de fondo de una México asediada por violencia, inseguridad y pobreza? Ah, queridos lectores, si el chisme fuera un Foucault, sería Vigilar y Castigar, pero con glitter y hashtags. Porque en este ensayo efímero –o artículo, si prefieren–, desentrañaremos cómo el gossip de las estrellas se entreteje con el análisis del discurso, revelando que ningún mensaje es inocente, y que detrás de cada «¡escándalo!» late una intencionalidad que nos vigila a todos.
Imaginemos la escena: Lucerito, esa voz cristalina que heredó de su madre Lucero y su padre Mijares, se ve envuelta en un torbellino de especulaciones. ¿Lesbiana? Ella lo desmiente con gracia en abril de 2024: «Amo a los hombres, estoy muy enamorada de muchos». Pero el veneno persiste, y de pronto, la enredan en un romance ficticio con Eduardo Capetillo Jr., el hijo guapo de Biby Gaytán y el galán eterno. ¿Pruebas? Una química explosiva en Juego de Voces, duetos como «Vas a decir que sí» y portadas de revistas que gritan «¡amor!». Lalo, como lo llaman, lo niega: es amistad, pura colaboración artística. Y el clímax del morbo: ¿abortó un bebé con él? Pura fake news de julio de 2025, viral en redes, desmentida por su silencio elocuente y su enfoque en la carrera. ¿Por qué ahora? Porque en tiempos de caos real –balaceras en las calles, bolsillos vacíos–, el chisme es catarsis barata. Es el escape colectivo, el «veneno que corroe» que mencionaba en una charla con una fuente anónima: la gente descarga frustraciones en amores fantasma, mientras la vida real duele.
Pero el hilo se enreda más, como un guion de La Rosa de Guadalupe con toques de Despierta América. Entramos en el mundo de Biby Gaytán, la bailarina eterna que desde niña –¡a los cinco años en academias, trece en Timbiriche!– sacudía escenarios con shorts diminutos y tops voladores. ¿Casi encuerada? Era su marca: fuego escénico en los 90, cuando la TV mexicana era un carnaval de rebeldía sexy. Hoy, su matrimonio con Eduardo Capetillo es el unicornio de la farándula: 31 años de altibajos, cuatro hijos y un «sí, joder» ante los rumores de divorcio. En julio de 2025, aterrizan en Univision Miami para Despierta América, no como villanos vetados, sino como invitados estrella. Admiten broncas –»llantos juntos, terapia de pareja»–, bromean sobre un reality familiar y desinflan el humo de Javier Ceriani: Biby no etiquetó a Eduardo en la boda de su hija por trabajo, no por crisis. ¿Vetados? Un eco del escándalo de 2011 en La Academia de TV Azteca, donde Capetillo armó celos en vivo. En Univision, cero drama; abrazos y puertas abiertas. Es el típico revival de TikToks con IA: revive el pasado para olvidar el presente.
Y entonces, el plot twist que me hace vibrar: Wendy Guevara, la reina de La Casa de los Famosos, «coronada» por nacos y risas fáciles, llega a Desiguales en febrero de 2025. ¿La corrieron por «falta de cultura»? ¡Ja! Fue un contrato temporal de dos meses, cubriendo maternidad ajena. Ella lo celebra en stories: «Vine a aprender, las puertas siguen abiertas». El productor la llama «joya», el público la adora por su autenticidad cruda –»ay, wey» en prime time–, mientras los haters claman por «profesionales de verdad». ¿Ofendió al «cultísimo» latino de EE.UU.? Por favor, en 2025, con rentas en dólares y huracanes, la vulgaridad es oxígeno. Wendy no es el problema; es el antídoto a la impostura televisiva. Se despide con videos emotivos, regresa a México para su bio-serie. ¿El escándalo real? Que Univision necesita más como ella para no ahogarse en seriedad.
Aquí es donde el chisme muta en teoría: ¿por qué estos discursos faranduleros nos hipnotizan? Porque, como en el análisis foucaultiano del discurso, no existe mensaje sin intencionalidad. En La arqueología del saber, Michel nos advierte: el discurso es un aparato de poder, no un eco neutral. Cada rumor –de Lucerito al «veto» de Biby– lleva reglas implícitas: quién habla (la prensa rosa), qué silencia (la agencia de las mujeres) y cómo reproduce verdades (estereotipos de género, vigilancia moral). Es el panóptico digital: nos auto-vigilamos con likes, donde el chisme no informa, sino performa exclusiones.
Para interpretarlo, invocamos la semiótica y semiología como bisturí. Saussure nos da el dúo: significante («naca» para Wendy) y significado (clase baja vs. elite). Pero Peirce lo trenza en tríada: signo, objeto, interpretante, en una semiosis ilimitada. El rumor de aborto no es hecho; es cascada de mitos (Barthes dixit): la mujer «escandalosa» que evoca binarios culturales. Denotativo: «Wendy es vulgar». Connotativo: el latino «auténtico» pero no apto para Miami. Interpretativo: ¿resiste o refuerza hegemonías? En la era de la IA, estos productos discursivos fragmentan intencionalidades –bots, algoritmos–, pero Foucault nos grita: mapeemos las grietas, deconstruyamos el gran encierro 2.0.
Al final, queridos, la farándula no es antítesis de la teoría; es su espejo distorsionado. Del veneno corrosivo al saber-poder, todo discurso nos interpela. ¿Escapamos al chisme o lo disecamos? Yo, Alexa Capote, elijo ambos: reírnos del caos para luego, con Foucault en mano, desarmarlo. Porque en este cuaderno de komunikazion, el verdadero escándalo es no cuestionar.
Alexa Capote es periodista transexual, devoradora de signos y conspiradora contra el silencio. Sígannos en elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com .