La Minga: cuando la tradición se convierte en burla
En la Danza de los Diablos de la Costa Chica, un personaje sobresale no por su fuerza simbólica ni por su riqueza cultural, sino por la polémica que despierta: la Minga. Esta figura femenina, casi siempre interpretada por un hombre disfrazado de manera grotesca —con senos falsos, caderas exageradas y gestos ridículos—, es presentada como un elemento cómico dentro del ritual. Pero esa comicidad tiene un costo: convierte lo femenino en motivo de burla.
Lo que en apariencia es “tradición” se traduce en un acto de violencia simbólica. La Minga no honra la feminidad, la caricaturiza. No visibiliza la diversidad, la ridiculiza. Y en el fondo, lo que transmite es un mensaje doloroso: ser mujer, o parecerlo, es algo risible, algo que merece ser objeto de escarnio público.
Esta representación no puede desligarse del contexto actual. En un país donde mujeres y personas trans enfrentamos violencia cotidiana, reproducir en las fiestas comunitarias la idea de que la feminidad es ridícula no es inocente: es reforzar prejuicios machistas y transfóbicos que ya nos hieren en la vida real.
Para las personas trans, travestis y transgénero, ver a un hombre disfrazarse de “mujer grotesca” frente al público genera sentimientos de vergüenza y culpabilidad. En lugar de abrir un espacio de reconocimiento, la Minga reproduce el estigma que nos señala como caricaturas, como errores, como exageraciones.
No se trata de negar la importancia de la Danza de los Diablos como patrimonio cultural afromexicano. Se trata de decirlo con claridad: el personaje de la Minga, tal como se representa hoy, no es cultura viva, es violencia simbólica disfrazada de fiesta.
Pero la solución no es borrar ni eliminar la figura. La solución es replantearla. La Minga podría ser interpretada por una mujer o por una persona trans de la comunidad, resignificando su papel y devolviéndole dignidad. Ese gesto no traicionaría la tradición, la enriquecería. Haría de la danza un espacio inclusivo, capaz de preservar la memoria sin perpetuar la burla.
Defender la cultura implica también transformarla. Y el futuro de la Danza de los Diablos pasa por reconocer que la verdadera fuerza de nuestras tradiciones está en su capacidad de evolucionar sin perder el alma. La Minga puede y debe ser un símbolo de respeto, no de ridiculización. Esa es la tradición que vale la pena heredar.
— Alexa Capote, Periodista Transexual
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