Revocación en Oaxaca: cuando el ruido no viene del pueblo
Por Alexa Capote
Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.com.mx
La revocación de mandato es una figura democrática. En el papel, devuelve poder a la ciudadanía. En la práctica, no siempre nace del pueblo ni siempre le sirve.
En Oaxaca, el debate no puede darse sin memoria. Durante décadas, el poder político y económico se concentró en unas cuantas manos. Desde notarías, juzgados y oficinas públicas se legalizaron despojos, se blindaron privilegios y se empobreció a comunidades enteras bajo el amparo de la ley. Ese régimen tuvo nombre, apellidos y beneficios claros.
Hoy, frente a la revocación que se impulsa contra el actual gobernador, conviene mirar quiénes empujan con más fuerza, quiénes tienen prisa y quiénes cuentan con recursos para amplificar el enojo social. No todo descontento es falso, pero no todo descontento es espontáneo.
El malestar existe. Sería irresponsable negarlo. Pero también es cierto que los viejos grupos de poder saben financiar causas, ordenar inconformidades y presentarse como ciudadanos agraviados cuando lo que buscan es recuperar el control perdido. No defienden al pueblo; defienden lo suyo.
Que el gobierno actual continúe no es un aplauso ni una absolución. Es, en todo caso, una decisión preventiva frente al riesgo de que regresen quienes ya gobernaron y dejaron huella. No se trata de partidos ni de personas, sino de evitar la restauración de un modelo donde el rico siempre ganó y el pobre siempre perdió.
La revocación merece reflexión, no impulso.
Porque cuando el ruido es demasiado fuerte, conviene preguntarse si realmente viene de abajo… o si alguien más está moviendo los hilos.
Oaxaca no necesita repetir su historia para corregirla.
Necesita recordarla para no volver a caer.
