David bíblico vs. David de Hollywood: la retórica woke desde antes de que existiera la palabra “woke”
Por Alexa Capote
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com
24 de noviembre de 2025
Hay una escena que se repite en casi todas las películas y series sobre David y Goliat: un muchacho moreno, flaco, sucio, con pelo enmarañado y ropa rota, enfrenta a un gigante rubio, alto, de ojos azules, musculoso y con armadura brillante. El débil vence al poderoso. El emigrante o el campesino humillado triunfa sobre el opresor nórdico.
Y uno piensa: qué casualidad que Hollywood, en pleno siglo XXI, haya convertido la historia de 1 Samuel en el guion perfecto de la narrativa progresista actual: el migrante moreno y aparentemente frágil que derrota al rubio privilegiado.
Pero la Biblia dice exactamente lo contrario.
El texto hebreo es clarísimo: David era (admoni), palabra que casi todos los especialistas traducen como “rubio” o “pelirrojo”; tenía (ojos hermosos) y (de hermoso semblante). Es decir, David era guapísimo, probablemente de piel clara y, para los estándares de la época, el prototipo del chico atractivo de Belén.
Goliat, en cambio, era de Gat, una ciudad filistea en la costa, muy probablemente de origen egeo (los “pueblos del mar”), y los filisteos son descritos en la cerámica y los relieves egipcios como gente de piel clara, a veces con cascos emplumados y rasgos que hoy asociaríamos con europeos del sur o del este.
O sea: en la Biblia original, el duelo probablemente era entre dos tipos de piel clara, y el guapo era David, no Goliat.
Entonces, ¿de dónde sale la imagen del David moreno, pobre y desaliñado que vence al rubio ario?
Viene de tres capas de manipulación ideológica que se han ido acumulando:
La lectura marxista latinoamericana de los 70-80
En la teología de la liberación, David se convirtió en “el pueblo oprimido” y Goliat en “el imperio”. Para que la metáfora funcionara en América Latina, había que oscurecer a David y hacerlo parecer indígena o mestizo pobre. Así nació el David moreno y humilde que conocemos.
El complejo de inferioridad postcolonial europeo
En Europa y después en Hollywood, los directores (muchos de ellos judíos o cristianos progresistas) quisieron enfatizar que “Dios elige al pequeño y al despreciado”. Pero en lugar de confiar en la juventud y la fe de David (como dice el texto bíblico ), lo convirtieron en un “underdog” racial y de clase. El resultado: un chico de Medio Oriente que parece migrante sirio del siglo XXI enfrentando a un vikingo nazi!
La corrección política actual
Hoy es casi obligatorio que el héroe bíblico sea racializado como no blanco y el villano como blanco privilegiado . Si hicieran a David rubio y guapo (como dice la Biblia), medio Twitter progresista gritaría “apropiación aria de la narrativa judía”. Así que mejor lo oscurecen, lo ensucian y lo convierten en símbolo de la lucha antirracista proemigrante… aunque la Biblia diga exactamente lo contrario.
El resultado es una de las mayores ironías de la cultura pop: la historia que la izquierda usa para denunciar la “blanquitud opresora” es, en su versión original, la victoria de un chico rubio y guapo sobre un guerrero también de piel clara.
David no ganó porque fuera racialmente oprimido. Ganó porque confió en un Dios que no mira las apariencias… aunque, irónicamente, a él sí le había dado muy buena apariencia…
Así que la próxima vez que veas una película donde David parece un refugiado centroamericano y Goliat un neonazi escandinavo, recuerda: eso no es la Biblia.
Eso es Hollywood haciendo woke con un texto que, hace 3.000 años, ya era cualquier cosa menos woke.







Alexa Capote
Periodista Transexual , lectora incómoda de la Biblia y enemiga de los anacronismos ideológicos.
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