Políticos Escatológicos

El Periodismo Escatológico: Una Deriva de Mal Gusto en la Política y el Espectáculo

Por Alexa Capote, Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com

Un término necesario para nombrar un vicio mediático

En México, tanto en la arena política como en la del entretenimiento, existe una práctica que he decidido nombrar sin rodeos: periodismo escatológico. No se trata de un término médico ni científico, sino de una etiqueta crítica hacia un estilo de comunicación que degrada al periodismo al recurrir a imágenes, palabras o gestos que evocan secreciones, excremento o actos de comer con la boca abierta, mostrando la “masilla” al público.

No hablo aquí de metáforas literarias ni de la irreverencia creativa de la sátira, sino de un fenómeno que, con frecuencia, se practica en las redes sociales y hasta en espacios políticos, en donde algunos “comunicadores” o “líderes de opinión” buscan llamar la atención con lo grotesco en lugar de aportar análisis, contexto o información veraz.

Política y escatología: una mezcla peligrosa

El periodismo político requiere sobriedad, responsabilidad y un mínimo de seriedad, porque trata de decisiones que afectan la vida de millones. Sin embargo, cuando se recurre a hablar de gargajos, excremento, semen o secreciones sin motivo informativo, el discurso pierde toda credibilidad y se convierte en espectáculo vulgar.

Fue el propio Andrés Manuel López Obrador quien, desde sus conferencias y mensajes, abrió la puerta a esta práctica, utilizando expresiones y recursos escatológicos que después fueron imitados y amplificados por sus youtuberos oficialistas y por varios políticos de su movimiento. Con ello no solo normalizó lo vulgar en el debate público, sino que también degradó la discusión política a una arena de gestos y frases de mal gusto que, lejos de esclarecer, ofenden y trivializan.

El espectáculo que pierde glamour

En el periodismo de espectáculos, el límite es distinto pero no menos claro. Entrevistar a una celebridad que mastica frente a la cámara, habla con la boca llena y muestra la comida triturada, puede considerarse igual de escatológico que hablar de secreciones humanas. No se trata de censurar la espontaneidad, sino de entender que la audiencia espera un mínimo de cuidado estético y respeto a la comunicación.

El entretenimiento puede ser desenfadado, incluso provocador, pero jamás debe confundir lo irreverente con lo asqueroso. Una cosa es un chiste subido de tono en un talk show, y otra muy distinta es exponer procesos corporales que generan rechazo inmediato.

Lo escatológico como degradación del periodismo

En ambos géneros —político y de espectáculos—, lo escatológico se convierte en una herramienta barata para atraer clics o aplausos fáciles. Pero el costo es alto:

Desvía la atención de los temas de fondo.

Ofende a la audiencia al obligarla a consumir imágenes y palabras que nada aportan.

Resta profesionalismo al oficio periodístico, debilitando su prestigio y utilidad social.

Si el periodismo ya enfrenta crisis de credibilidad por la manipulación de intereses económicos y políticos, caer además en lo escatológico significa clavarle el último clavo al ataúd de su dignidad.

Una llamada de atención

Nombrar las cosas es el primer paso para combatirlas. Por eso, llamo periodismo escatológico a esta tendencia que invade redes, programas y hasta conferencias políticas. Y señalo sin rodeos que fue López Obrador quien inauguró esta práctica, después adoptada por su maquinaria digital y por actores de su movimiento, con un efecto corrosivo sobre la calidad del discurso público.

Es hora de exigir más respeto al público, más rigor a quienes informan, y menos complacencia con quienes confunden vulgaridad con cercanía. El periodismo merece recuperar su lugar como herramienta de análisis y crítica, no como circo fisiológico.

Alexa Capote, Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com

Publicado por AlexaCapotePeriodistaTransexual

periodista transexual independiente y mona.Sueno incomoda por no entrar en el sistema corrupto de control de pensadores libres democráticos ni objetivos.

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