Transexualidad republicana

Cuando el Conservadurismo Olvida su Propia Bandera de Respeto

En la tradición conservadora norteamericana se suele invocar la fe cristiana, la familia y la libertad como pilares de vida. Sin embargo, hay un ala del Partido Republicano que parece olvidar la esencia de esos mismos valores cuando se refiere a la comunidad transexual.

Una mujer transexual no es una amenaza para la sociedad. No está pidiendo privilegios, ni busca transgredir la ley, ni imponer su experiencia al resto. Lo único que reclama es vivir con dignidad, respeto y paz, como cualquier otra ciudadana. Somos hijas, madres, amigas, trabajadoras, periodistas, vecinas, y sobre todo seres humanos amados por nuestras familias y nuestros entornos.

Cuando desde tribunas políticas se caricaturiza o se denigra esa realidad, no se está defendiendo al conservadurismo: se está traicionando su raíz más noble, la del respeto al prójimo y el amor cristiano.

El problema de la “ideología de género”

Es verdad que existe una instrumentalización política alrededor de lo que llaman “ideología de género”. En ese contexto, las personas transexuales hemos sido convertidas en chivo expiatorio: se nos señala, se nos demoniza y se nos convierte en símbolo de agendas que muchas veces ni siquiera nos representan. Esa manipulación política no solo nos expone al odio, sino que confunde a la sociedad y radicaliza los debates.

El trasfondo económico: un mercado multimillonario

Además, hay un aspecto que pocas veces se señala con claridad: el interés económico.

La industria farmacéutica y algunas redes médicas privadas han visto en la hormonización temprana y en las cirugías de reasignación en menores un nuevo mercado cautivo, altamente lucrativo, porque implica tratamientos de por vida.

Se promueve como “libertad de elección sexual temprana”, cuando en realidad hablamos de niños y adolescentes que aún no tienen la madurez ni la responsabilidad para tomar decisiones irreversibles sobre su cuerpo y su identidad sexual.

Esta lógica mercantil convierte a los menores en clientes permanentes de hormonas, bloqueadores de pubertad, terapias e intervenciones quirúrgicas.

Así, bajo el disfraz de progreso y derechos, se defiende un modelo de negocio que conviene a gigantes farmacéuticos y clínicas privadas, pero que deja a familias divididas y a jóvenes confundidos ante decisiones que no deberían ser impuestas en etapas tan tempranas.

Conclusión: separar a la persona de las agendas

Un conservadurismo auténticamente tolerante, respetuoso y cristiano debería tener la madurez de hacer dos cosas al mismo tiempo:

1. Defender a la mujer transexual adulta, que solo pide respeto, seguridad y dignidad como cualquier otra ciudadana.

2. Denunciar los abusos de la ideología de género y de las industrias económicas que la promueven a costa de los niños, quienes necesitan protección y tiempo para madurar, no presiones ni mercantilización de su identidad.

La verdadera fortaleza de una nación no se mide en cuántos colectivos demoniza, sino en cuánta dignidad garantiza a cada uno de sus ciudadanos. Y esa dignidad empieza por reconocer que detrás de las etiquetas y las agendas, hay personas reales que merecen vivir en paz.

Por Alexa Capote, Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com

Publicado por AlexaCapotePeriodistaTransexual

periodista transexual independiente y mona.Sueno incomoda por no entrar en el sistema corrupto de control de pensadores libres democráticos ni objetivos.

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