Gana y devuelve

Crawford vs Canelo: El Legado que se Vende y la Esencia que se Pierde!

El boxeo volvió a ser espectáculo de circo. La pelea que enfrentó a Terence “Bud” Crawford y Saúl “Canelo” Álvarez pasará a la historia no solo por el resultado, sino por la contradicción que encierra: un triunfo legítimo en el ring que se convirtió en farsa fuera de él.

Crawford derrotó limpiamente al ídolo mexicano en Las Vegas. Doce asaltos intensos, dominio estratégico, poder de puños, y una victoria unánime que lo consagró como el primer boxeador en la era de los cuatro cinturones en ser indiscutible en tres divisiones. El mérito es indiscutible. Pero lo que vino después no tiene defensa: en lugar de ceñirse los cinturones ganados a sangre y sudor, los devolvió.

La falsa humildad

¿Humildad? ¿Respeto? Nada de eso. El boxeo es un deporte de reglas claras: el que gana, se lleva todo. Devolver títulos es como anular tu propio triunfo, como pedir disculpas por ganar. Un gesto que muchos celebran como nobleza, pero que en realidad muestra hasta qué punto este deporte ha sido secuestrado por la política del dinero y la imagen.

Porque seamos claros: si Crawford hubiera sido tratado con la justicia que merece su récord, no habría tenido que cobrar apenas 10 millones mientras Canelo se llevaba más de 100. Esa desigualdad económica no es casualidad: es parte del espectáculo que convierte a unos en superestrellas blindadas y a otros en gladiadores de usar y tirar.

Canelo humillado, el boxeo desangrado

Álvarez perdió con claridad. Perdió en su “casa” de Las Vegas, perdió ante su gente, perdió en el fin de semana de Independencia mexicana. Pero la derrota más dolorosa no es la suya: es la del boxeo.

Porque lo que debió ser un parteaguas histórico —un campeón indiscutible que reclama lo suyo y cambia las reglas del juego— terminó convertido en un show manipulado, donde los cinturones se devuelven como si fueran préstamos, y donde la grandeza deportiva se rebaja a espectáculo televisivo.

Lo que está en juego

El mensaje a las nuevas generaciones de boxeadores es devastador: no importa que lo ganes todo en el ring, lo que cuenta es lo que negocian los promotores y lo que dictan los contratos millonarios.

El boxeo no necesita gestos falsos ni símbolos de modestia mal entendida. Necesita respeto por sus reglas, por sus guerreros y por la esencia de un deporte que nació en la calle, no en los despachos.

Crawford tenía la oportunidad de levantar el boxeo al nivel de los héroes inmortales. En lugar de eso, prefirió acomodarse en la narrativa del circo. Y esa decisión, más que la derrota de Canelo, es la verdadera tragedia de la noche.

Por Alexa Capote, Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com

Publicado por AlexaCapotePeriodistaTransexual

periodista transexual independiente y mona.Sueno incomoda por no entrar en el sistema corrupto de control de pensadores libres democráticos ni objetivos.

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