El grito silenciado del 7 de septiembre en Sinaloa: ¿habló el pueblo de México?

El pasado 7 de septiembre, en Culiacán, capital de Sinaloa, se vivió un hecho que los medios oficialistas intentan minimizar, pero que no puede ocultarse: más de veinte mil ciudadanos salieron a las calles para exigir paz y seguridad ante la violencia desbordada. No fueron acarreados, no hubo estructuras partidistas detrás. Fue el pueblo, familias enteras, cansadas de vivir con miedo, quienes levantaron la voz.

Lo que más incomodó al poder no fue la cantidad de asistentes ni la quema de figuras de Claudia Sheinbaum y Rubén Rocha Moya. Lo verdaderamente incómodo fueron las pancartas improvisadas que clamaban: “Ayúdanos Trump, tú puedes” y “S.O.S. a Trump y la DEA”. Ese mensaje, tan crudo como desesperado, revela lo que muchos callan: la gente ya no confía en su propio gobierno para garantizarles algo tan básico como la vida.

El silencio del miedo

La violencia en Sinaloa no es nueva, pero desde la captura de “El Mayo” Zambada en Estados Unidos, la pugna entre los grupos criminales ha convertido al estado en un infierno. Balaceras cerca de escuelas, narcomensajes en plazas públicas, decenas de muertos cada semana. El pueblo vive sitiado. Y mientras tanto, ¿qué ofrece el gobierno federal? Discursos vacíos que culpan a factores externos, como si los muertos fueran estadísticas importadas.

Muchos mexicanos piensan lo mismo que gritaron los sinaloenses el 7 de septiembre, pero no se atreven a decirlo en voz alta. El miedo es real: miedo a la censura, miedo al linchamiento mediático, miedo incluso a represalias criminales. Y ese mismo miedo es el que atenaza a la presidenta Claudia Sheinbaum, incapaz de aceptar que su estrategia de “abrazos” es ya un fracaso evidente.

La fractura del relato oficial

El gobierno intenta vender la idea de que todo está bajo control, que lo que pasa en Sinaloa es un problema “local” y no un síntoma nacional. Pero la marcha demostró lo contrario: es el verdadero sentir del pueblo, el hartazgo generalizado. No fue organizada por partidos opositores, ni financiada por intereses oscuros: fueron los ciudadanos los que pusieron el cuerpo, las cartulinas y el valor.

La quema de efigies de Sheinbaum y Rocha Moya no fue un acto de odio gratuito, sino un símbolo de repudio a la indiferencia oficial. Gritar “Fuera Rocha” no es golpismo, es desesperación. Y pedir ayuda a Trump y la DEA no es traición: es un grito desesperado de quienes ya no encuentran respuestas en su propio Estado.

Un espejo incómodo para México

Algunos medios —Latinus, Reforma, Milenio, El Heraldo— cubrieron la marcha, pero la maquinaria oficialista hizo lo que siempre hace: minimizar, distorsionar o callar. El eco en redes sociales fue fuerte, pero no lo suficiente para convertirse en escándalo nacional. Y es que, en un país polarizado, reconocer la legitimidad de esas pancartas sería aceptar que el gobierno perdió la confianza de una parte del pueblo.

El 7 de septiembre en Sinaloa debe quedar registrado como lo que realmente fue: un acto de resistencia civil, una señal de alarma, un espejo incómodo en el que se refleja el miedo, la rabia y la desesperanza de miles de mexicanos.

Mi conclusión

Yo sí lo digo claro: el pueblo habló. Y habló con valentía. Lo que pasa es que a muchos no les conviene escucharlo. Claudia Sheinbaum no quiere admitir que los ciudadanos claman por ayuda externa porque se sienten abandonados por su propio gobierno. Y muchos mexicanos prefieren callar, temiendo represalias o estigmatización.

Pero el silencio no borra la verdad. El 7 de septiembre fue un grito que atraviesa las murallas del poder: “Ya no confiamos en ustedes. Si México no puede protegernos, pediremos ayuda donde sea”.


Por Alexa Capote, Periodista Transexual
elkuadernozdekomunikazion.wordpress.com

Publicado por AlexaCapotePeriodistaTransexual

periodista transexual independiente y mona.Sueno incomoda por no entrar en el sistema corrupto de control de pensadores libres democráticos ni objetivos.

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