Alexa Capote, Periodista Transexual
Los Nuevos Españoles
Un cuento político
Llegaron barbudos, sucios y cansados por el largo viaje. Venían hermosos en su debilidad, pues en sus ojos ardía un fuego inquebrantable: el compromiso de cubrir de gloria a la corona española. Sabían que les esperaba un mundo hostil, poblado por villanos que saqueaban, esclavizaban y sacrificaban a los pueblos más débiles en altares teñidos de sangre.
Después de arrancarles el corazón a los prisioneros, los verdugos devoraban su carne en ritos de canibalismo, creyendo robarles la fuerza divina. Esa barbarie era el terror que pesaba sobre aldeas y comunidades enteras. Durante generaciones, los pueblos pequeños habían sufrido el yugo tirano del pueblo azteca, sometidos por la guerra, el tributo y el sacrificio.
Liberarlos requería mucho más que armas: hacía falta coraje, fe y la certeza de una misión sagrada.
Las batallas fueron largas y ardientes. Pero del encuentro nació algo inesperado. Cuando los guerreros de la corona se unieron con las princesas indígenas convertidas al cristianismo, surgió una nueva estirpe: los Nuevos Españoles. No importaba el color de su piel, su cabello o sus ojos; todos eran hermosos y grandiosos, herederos de caballeros y de princesas cristianas.
Eran hijos de dos mundos y, en su grandeza, podían superar a reinos enteros: Inglaterra, Portugal o incluso la propia España. Esa mezcla de temple y ternura, de acero y de jade, de cruz y de penacho, era demasiado poderosa para ser ignorada.
Fue entonces cuando los ingleses urdieron una campaña de desprestigio. Inventaron relatos envenenados: dijeron que los padres eran asesinos, ladrones, ambiciosos, que sólo buscaban saquear y violar. A las madres, princesas convertidas al cristianismo, las llamaron traidoras y rameras sometidas. El objetivo era claro: hacer que los hijos odiaran su propia sangre, que se avergonzaran de su origen, que olvidaran la nobleza de su estirpe.
Pero la mentira nunca es eterna.
Pronto la verdad saldrá a la luz, y los herederos de aquella unión caminarán erguidos, orgullosos de su linaje. Entonces recordarán que no son hijos de la vergüenza, sino de la grandeza: descendientes de héroes y de princesas, liberadores de pueblos oprimidos.
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✍️ Alexa Capote, Periodista Transexual
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