Cuento: La Sirena Verde
Había una vez, en las profundidades del mar, un reino lleno de paz y armonía. Allí vivían las sirenas con sus familias: esposos valientes, hijos alegres y un rey justo que velaba por todos.
Entre ellas destacaba una sirena muy hermosa y femenina, de voz dulce y canto exquisito, que en los atardeceres salía a la orilla a cantar sobre las piedras. Su melodía encantaba a quienes la escuchaban.
Un día, llegó hasta allí una chica de la superficie. Era amargada y triste, y se quejaba de su vida. Al ver a la sirena, le habló con desprecio de su mundo:
—“A mí no me gusta mi vida. No me gusta la familia, ni los niños, ni los hombres. Todo me choca.”
La sirena respondió con calma:
—“Yo soy feliz en el fondo del mar. Tengo un esposo bueno y trabajador, y dos hijos que me alegran la vida. Somos una familia dichosa.”
La chica, con gesto de desprecio, sacó de su bolso una pulsera verde y se la entregó a la sirena.
—“Póntela y verás el mundo de otra manera.”
La sirena aceptó, sin saber que aquel objeto llevaba un hechizo. Poco a poco, comenzó a cambiar. Dejó de cantar dulcemente y, envenenada por nuevas ideas, convenció a otras sirenas de abandonar sus hogares. “¡Vamos a luchar contra los hombres! ¡Tomaremos el reino para nosotras!”, gritaban.
El rey, entristecido, consultó a la bruja del mar. Ella le reveló:
—“Ese no es su verdadero corazón. Todo viene de la pulsera verde. Allí está el hechizo que la engaña.”
El esposo de la sirena no dudó. Una noche, montado en un caballito de mar gigante, llegó hasta donde dormía su mujer, rodeada de las demás sirenas rebeldes. Con un tajo rápido de su cuchillo cortó la pulsera de trapo verde.
En ese instante, la sirena despertó de aquel sueño oscuro. El hechizo se rompió, y todas las demás también abrieron los ojos como quien vuelve de una pesadilla. “¿Qué hacemos aquí con armas de hombres? ¿Dónde están nuestros hijos, nuestros esposos?”, se preguntaban. Y regresaron nadando, llenando el reino de abrazos, lágrimas y cantos de alegría.
Pero la historia no terminó allí. La chica de la superficie volvió a buscar a la sirena y le preguntó:
—“¿Lograste liberarte del yugo de los hombres del mar?”
La sirena, ya libre, le respondió:
—“No. Yo soy muy feliz siendo esposa y madre. Ya no te escucharé más, porque tú eres mala.”
Entonces entonó un canto diferente. No era aquel canto dulce y exquisito, sino un canto furioso que hacía perder la razón. La chica comenzó a gritar, tomándose la cabeza. Y fue en ese momento que se reveló la verdad: tanto odiaba y le asustaba ser mujer, con su naturaleza femenina y hogareña, que en realidad se había convertido en un hombre.
Así terminó el hechizo de la pulsera verde. Y el mar volvió a brillar con paz, amor y armonía.
FIN
✍️ Cuentos Políticos por Alexa Capote, periodista transexual
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